Una luz de esperanza

Una luz de esperanza

Comienza a surgir una polémica interesante respecto a las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Parece que ya se presentó formalmente una solicitud para revisar los resultados del cómputo del voto popular en tres estados del norte del país, ante la sospecha de que existió manipulación de los sistemas electrónicos, que hicieron variar el resultado oficial, respecto al real.

De resultar cierto que en efecto hubo manipulación del sistema, aparentemente habría ganado en dichas entidades Hillary Clinton y no Donald Trump como se consideró en el cómputo oficial.

Como el sistema electoral de Estados Unidos es un vejestorio del siglo XVIII, lo que verdaderamente importa no es el voto popular (que de hecho ganó Hillary), sino el voto electoral, al que tienen derecho un grupo de notables, cuyo número se relaciona directamente con la cantidad de diputados y senadores que cada estado tiene en el Capitolio de Washington.

Es común que, si un estado lo ganó un candidato en el voto popular, los notables que de verdad deciden, voten en conjunto a favor de ese mismo candidato. Por eso, la noche de las elecciones solemos ver que se dice que un estado lo ganó tal candidato y se le asigna un cierto número de votos electorales, es decir, el voto de esos notables.

Pero las verdaderas cuentas y el auténtico debate, si es que hay debate, ocurre en diciembre, en el llamado Colegio Electoral, que se reúne en Washington D.C., para sancionar las elecciones y decidir en definitiva el triunfo.

En Estados Unidos, quien tenga 270 votos electorales, gana.

Y actualmente, se presume que Donald Trump alcanzó cerca de 290 de ellos. Pero si se revisa, como se está pidiendo, la votación popular de los tres estados en cuestión y se encuentra que efectivamente hubo manipulación electrónica, el republicano perdería esos votos electorales y, entonces, probablemente la victoria fuera para la demócrata.

Por otro lado, y en el colmo de los absurdos, ahora el propio Trump ya (casi) con el triunfo en la bolsa, sale a decir que hubo tres millones de votos ilegales, lo cual complicaría su propia carrera hacia la Casa Blanca, si bien –hay que decirlo—iría en congruencia con lo que dijo en el tercer debate, en el sentido de que dudaría del resultado de las elecciones.

De todos modos, así como está diseñado el sistema electoral, ahora son los miembros del Colegio Electoral quienes tienen que dirimir las controversias que se presenten y está en sus manos decidir si se revisa a detalle el voto en los tres estados.

No olvidemos, tampoco, que ninguna ley obliga a los miembros del Colegio Electoral a votar en el mismo sentido a la votación popular. Así que, en el caso de hacer la revisión tal como solicitan quienes presentaron la moción, se abre una ventana para que los republicanos que no quieren a Trump (hay muchos), cambien el sentido de su voto en el Colegio Electoral, lo que crearía aún más inestabilidad en el ambiente.

Después de lo extraño que ha sido este proceso electoral, eso es lo único que falta…que a la hora de la verdad, el 20 de enero no asuma el gobierno el maníaco del peluquín amarillo, sino la señora Clinton.

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Archivado bajo Economía, Migración, Política, Sociedad

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