Cacahuates ¿japoneses?

Alejandro García Villalón “Virulo”, es un cantautor cubano, que escribe básicamente canciones de corte humorístico.

Entre otras muchas piezas bastante divertidas, tiene una que versa respecto al chile habanero y a la torta cubana, ambos, alimentos muy populares en México y que, en La Habana y en Cuba en general, prácticamente desconocen.

De hecho, en Cuba lo más parecido a un chile para darle sabor a la comida (cosa muy normal en cualquier parte de México) es, en todo caso, una latita de salsa Herdez, que nadie –salvo los mexicanos, claro—llegan a pedir en algún restaurante de la isla.

De las tortas cubanas, ¡ni hablar! Lo más cerca que podemos llegar a eso en las calles de La Habana, es el “pan con lechón”, que venden numerosos comerciantes en la vía pública en pequeños carritos y efectivamente son eso: dos trozos de pan con una porción de lechón cocido en medio, tal cual. Nada similar a la mexicanísima torta cubana.

Y como esos ejemplos, hay otros varios en materia de alimentos.

Están los cacahuates (maní)  “japoneses”, muy conocidos y populares en México, que probablemente en Japón desconocen. Desde luego, todos los cacahuates japoneses que se venden en México, jamás estuvieron en Japón, en ninguna parte del proceso que va desde la cosecha del alimentos, hasta el tratamiento industrial para dejarlo listo para su consumo.

Pasa algo parecido con las “milanesas”, esas piezas de carne de res o bien de pollo, que se empanizan y fríen, para servirse normalmente acompañadas de alguna guarnición de verduras. Se trata de algo muy normal en México. Lo podemos encontrar en todo tipo de restaurantes, desde los muy económicos hasta los muy caros. Cualquier mexicano entiende y sabe lo que es una “milanesa”.

Pero en Milán, Italia, lo más probable es que no existan esta clase de alimentos, o lo más probable es que, si alguien los prepara, no tienen desde luego la popularidad que en México o si se llega a ofrecer algo parecido en un restaurante, por supuesto no se llamará “milanesa”.

De manera que la “denominación de origen” del platillo, nada tiene que ver con Milán, Italia.

Desde luego, la muy estadounidense hamburguesa que hemos importado a México, no es un alimento originario de Hamburgo, Alemania, aunque en la actualidad sea muy fácil encontrar una en aquella ciudad.

Todos estos nombres llegan al patrimonio culinario mexicano de maneras difíciles de rastrear y, en algunas de sus variantes tienen también manifestaciones nacionales.

Ahí está la “Carne a la Tampiqueña”, un platillo que consiste en una pieza bastante grande de carne de res con alguna guarnición de verduras, frijoles y chile verde.

Cualquiera pensaría, de manera natural, que la “Carne a la Tampiqueña” es originaria de Tampico, ciudad del estado de Tamaulipas, al norte del país.

¡Sorpresa! No es así.

Este platillo no se inventó en Tampico, sino en el “Restaurante Tampico”, localizado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Así las cosas, muchos nombres no corresponden a su gentilicio.

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