Seis meses tarde

Este miércoles se dio a conocer una estrategia por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores para defender a los mexicanos que se encuentran en Estados Unidos –la mayoría de ellos en situación migratoria irregular– contra el maníaco del peluquín amarillo a quien un grupo de estaduonidenses llevó a la presidencia de su país.

No importa mucho el contenido del anuncio, porque en realidad, llega muy tarde.

Muchos fuimos los que creímos –y lo digo con la más profunda humildad autocrítica– que no podría llegar a ocurrir un sinsentido de semejante tamaño, pero sí ocurrió.

Lo que pensemos ciudadanos comunes como yo, realmente no importa mucho, porque nuestro nivel de incidencia es reducido. Pero lo que piensen los gobiernos sí es relevante, por la capacidad de gestión que tiene una instancia como esa y sobre todo por la posibilidad de emprender políticas públicas estructuradas, con estrategia, recursos humanos, materiales y económicos, que sí pueden hacer diferencia para millones de personas.

Haber desestimado las posibilidades que tenía el orate de Nueva York para llegar a la presidencia, sí fue un error serio del gobierno, que apenas ahora, seis meses después, comienza a perfilar qué estrategia usará para defender a los mexicanos en Estados Unidos, 11 millones de los cuales están en capilla para ser deportados, tan pronto como el animal éste se instale en la casona de la Avenida Pensilvania en Washington D.C.

El gobierno mexicano debió haber ideado una estrategia más sólida para enfrentarse a este maníaco supremacista desde la campaña, con independencia de lo que hiciera o no el equipo de Hillary Clinton.

La prueba es que los mexicanos allá se sentían abandonados y traicionados por un gobierno que miró para otro lado, mientras este energúmeno los culpaba de todo lo malo en aquel país y los convertía en el nuevo enemigo público de la Nación, alimentando en un círculo vicioso la demente visión de un grupito de blancos (minoría ya en Estados Unidos), amigos del Ku Klux Klan, la Asociación Nacional del Rifle y otras barbaridades semejantes.

El gobierno de México debió haber actuado desde que se perfilaba como el ganador de la contienda interna de los republicanos. Desde luego, ahora estará pagando haberlo invitado a México y haberle dado desde antes trato de jefe de Estado, cosa totalmente irregular en tratándose de un candidato y sobre todo de un sujeto de estas características.

El megalómano que sustituirá a Obama, se frota las manos pensando cómo echará a los mexicanos y aunque ya haya matizado su discurso y hoy sólo hable de 3 millones, en lugar de los 11 millones que amenazaba en principio, de todas formas sigue siendo un número enorme de personas y todas ellas con historias de vida dificilísimas, que terminarán peor, debido a que el gobierno de su país natal no supo oponerse a tiempo ni con la fuerza suficiente.

La débil y tardía reacción, dicen los analistas, se debió a la distorsionada lectura de la realidad, según la cual nuestras autoridades no veían realmente la posibilidad de que este animal llegara a la presidencia de Estados Unidos.  No lo van a dejar; las fuerzas económicas son más poderosas;  los propios republicanos lo abandonarán y trabajarán contra él; los políticos son más centrados; es difícil que haya tanta gente tan insensata como para apoyarlo…

Todos fueron argumentos que a muchos –confieso con vergüenza– nos pasaron por la cabeza en algún momento. Pero si a los ciudadanos de a pie nos pareció que eso ocurriría y nos equivocamos, a nadie le repercute. Lo que no es posible es que el gobierno de México pensó así y se equivocó de todas todas, porque ahora millones de migrantes están en riesgo no sólo de deportación (que ya es bastante) sino de convertirse en los nuevos chivos expiatorios de los problemas de Estados Unidos y víctimas naturales del racismo que esta bestia sacó del clóset de las minorías blancas, ignorantes y salvajes que vivían calladas, mascullando corajes, sin encontrar fuerza para culpar –y posiblemente asesinar– a quien le señalen como culpable.

Ésa es la parte peligrosa. Que ahora, esas fuerzas oscuras sacadas a la luz, se empoderen a raíz de tener a uno de los suyos (¿?) en la Casa Blanca.

Mientras el gobierno mexicano planea cosas el 16 de noviembre, a escasos 64 días de la toma de protesta.

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Archivado bajo Economía, Migración, Política

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