Tan cerca de Estados Unidos

Hace más de 100 años, el expresidente de México, Porfirio Díaz, acuñó una de sus frases más recordadas: “¡Pobre México: tan lejos de dios y tan cerca de Estados Unidos!”

Aunque Porfirio Díaz será por siempre recordado por haber instaurado un régimen absolutista, dictatorial, oligárquico y absolutamente intolerante a cualquier idea democrática (incluyendo asesinatos políticos), también es de reconocerse que era un hombre inteligente, dotado de habilidades políticas superiores.

Supo ver en su vecino del norte el peligro de una potencia creciente, arrogante, prepotente, soberbia y expansionista, frente a cuyo terrorífico poderío militar y económico México no se podría oponer, si uno de sus presidentes chiflado decidía un buen día declararnos su enemigo.

Esa es la idea que sintetiza su famosa frase.Y bien pronto quedó comprobada, cuando por intervención directa del embajador Henry Lane Wison, el presidente constitucional de México, Francisco I. Madero, fue depuesto mediante un golpe de Estado, para luego originar el ignominioso “Pacto de la Embajada”,  mediante el cual el propio embajador –con la complacencia de su gobierno– impuso como presidente de México al “soldado feroz”, Victoriano Huerta como presidente, sólo para que meses después el propio gobierno de Estados Unidos  (ya con nuevo presidente), lo echara a su vez del poder, mediante la invasión militar a Veracruz, con cualquier pretexto.

Es claro que el riesgo de ser el vecino inmediato y brutalmente dispar en poder y desarrollo, constituye un peligro serio para México –no así para Canadá, que goza de otras condiciones.

Por eso hoy, a la llegada de un maníaco a la presidencia de Estados Unidos, es urgente que los mexicanos hagamos lo único que nos queda: unirnos entre nosotros.

Es claro que el gobierno mexicano no tiene las facultades, capacidades, estructura y en última instancia agallas para enfrentarse al demente del peluquín amarillo. Y es obvio que en cuanto tome el poder, este loco comenzará a culpar a México de todo, buscando un pretexto quizá hasta para invadirnos, como hicieron sus antecesores de principios del siglo XX y como lo hicieron los de mediados del siglo XIX.

Por eso, hoy llamo a que todos nos unamos en torno a una Campaña Nacional contra Trump, en la que todos podemos participar individualmente, pero con un propósito común: perjudicar cuanto se pueda la presidencia de este orate, hasta que no tenga capacidad de operación política para fastidiarnos.

Esta campaña es de apariencia simple, pero puede ser efectiva y consta de varias acciones que no nos cuestan trabajo en lo individual:

1.- Identificar los intereses económicos del energúmeno de Nueva York en México, para no consumir absolutamente nada en sus propiedades, de sus productos o servicios. Hagámosle ver que no lo necesitamos, No hace falta agredirlo ni perjudicar física o tramposamente sus negocios: con el solo hecho de que en México no gane un peso, tendrá que retirarse del mercado,. o perder millones de dólares.

2.- Evitemos consumir todo lo estadounidense que podamos: desde no entrar a un McDonalds o a un Kentuchy, para en cambio consumir tortas, tacos o comidas corridas en la fonda de la esquina, hasta preferir los supermercados con inversión mexicana, en lugar de Wal Mart; evitar la compra de productos tecnológicos como computadoras, teléfonos celulares o cualquier otro artefacto de firmas estadounidenses y en cambio preferir las japonesas, estrategia que se puede transferir a los automóviles.

Cierto que muchos argumentarán –y con razón– que infinidad de mexicanos trabajan en empresas filiales de esas transnacionales en México y que boicotearlas significa pérdida de empleos de mexicanos.

Pero la realidad es que con el aplastamiento que este chiflado quiere hacer de México, también se perderán miles de empleos e incluso aquellos en sus transnacionales. Porque es capaz de obligar a esas empresas a despedir a los empleados mexicanos, si quieren seguir aquí o de lo contrario obligarlas a volver a Estados Unidos y cerrar aquí sus negocios.

Sin embargo, al sentir la drástica caída en sus ventas, las empresas acusarán recibo y se quejarán en la Casa Blanca, donde le generarán problemas al neonazi, en lugar de “hacerle el caldo gordo”.

3.- Como todos los mexicanos tenemos familiares y/o amigos en Estados Unidos, hemos de aprovechar la división interna que este orate generó, e identificando a quienes son sus opositores, ayudarlos en lo posible a hacerle la vida infernal en el gobierno, para que deba ocuparse de apagar fuegos dentro de casa y se olvide de la tentación de echarle a perder la vida a México.

Todas esas acciones son simples y están en la mano de todos. Si cada mexicano lo hace, en dos meses este animal dobla las manos.

Pero también es necesario que reflexionemos en una cosa que, aunque nos duela, es lastimosamente cierta: la bestia ésa tiene razón en algunas cosas. Por ejemplo, en México existe mucha corrupción, cosa que para nadie es un secreto y que sí perjudica a los negocios de toda índole. En México, también, hay mucha informalidad en la vida económica, que no se resume solo al grave problema del comercio ilegal en las calles, sino que se refleja en la falta de seriedad en los negocios a todos niveles y en todos los sectores.

Se trata de cosas que, aunque nos duela reconocerlas, son ciertas. Y nos hacen daño como país y daña en nuestras relaciones con otros países, incluyendo Estados Unidos.

De ahí que debemos hacer un esfuerzo, también, por corregir esos problemas que –reconozcámoslo– existen y son graves.

Sólo unidos en una campaña de este tipo, podremos quitarnos de encima esa espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas.

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Archivado bajo Economía, Educación, Migración, Periodismo, Política, Sociedad

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