Figura vs. Salud

“¡Desayuna cereal integral!” ordena una leyenda en la parte posterior de la caja del cereal de X marca.

En un gran círculo rojo, con letras blancas, se lee: “Recuerda incluir en tu alimentación CEREAL INTEGRAL X MARCA que te ayudará a cuidar tu figura”. (Letras mayúsculas cortesía del publicista).

Hoy en día, cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede encontrar fácilmente leyendas semejantes en casi cualquier producto, con tan sólo abrir su alacena, sin importar cuán modesta o aparatosa sea.

La cuestión es que así es el mundo actual. Lleno de productos alimenticios industrializados y atravesado por una obsesión enfermiza por “estar delgados”.

La paradoja consiste en que la publicidad nos atosiga hasta el grado de la insalubridad mental con la obsesión de la delgadez, mientras los fabricantes de alimentos industrializados nos ponen en el mercado cualquier cantidad de chatarras y porquerías que nos llevan a la obesidad.

Además, el mundo moderno, planteado básicamente en comunidades urbanas inseguras, caóticas y estresadas, constituye el modelo perfecto para desarrollar la obesidad, incluso desde la infancia.

No me dejarán mentir quienes hayan vivido su infancia en la segunda mitad del siglo XX (hasta antes de los años 90) en el sentido de que en aquellas épocas ser niño consistía en ir a la escuela, volver a la hora de la comida, disfrutar (o a veces no tanto), de lo que nos había preparado mamá con ingredientes frescos, hacer la tarea a toda prisa y salir a jugar el resto de la tarde a la calle o a donde se pudiera, a un montón de actividades que implicaban movimiento, sin dejar de comer golosinas diversas.

Uno pasaba horas andando en bicicleta, jugando a policías y ladrones, al “Stop”, al “bote pateado”, patinando o cualquier otra cosa, que significaba correr mucho, moverse mucho, disfrutar enormemente, sudar como si se fuera a acabar el mundo y volver a casa al anochecer, sólo para bañarse e ir a la cama exhausto después de un vaso de leche, tal vez algo de fruta y si acaso algún otro ligero complemento.

En esa época, los niños estaban sanos, no sólo del cuerpo, sino también del alma, porque podían dedicar la tarde a ser niños y respirar en la calle sin grandes peligros.

Pero lamentablemente en la última década del siglo XX el mundo comenzó a cambiar y ya los niños no pueden salir a la calle a jugar, lo que coincidió con la invención de los videojuegos, pretexto perfecto para mentenerlos lamentablemente depositados toda la tarde en un sillón, con actividad física grado cero y con golosinas cada vez más azucaradas, industrializadas y nocivas para la salud.

En forma contraria –y paradójica, insisto– la publicidad y el modelo de “perfección” estética insiste en que todos estén cada vez más flacos, incluyendo modelos anoréxicas que se nos hacen pasar por “sexys” y “deseables”, cuando en realidad se trata de chicas lamentablemente enfermas, en la última fase de padecimientos terminales.

Y en todos los “alimentos” industrializados (nadie sabe en realidad qué cosa son), se insiste en la obsesión por estar delgados y mantener la figura, con toda la imprecisión deliberada que tales términos implican.

Porque no hace falta pensar mucho para dar con la trampa: ¿qué significa una buena figura o estar delgado? Se diría que alguien delgado está por abajo de su peso ideal. Y para no entrar en discusiones de carácter médico, digamos en términos generales que los adultos deben pesar más o menos el número de kilos equivalente al número de centímetros por el que sobrepasan el metro de estatura.

Así por ejemplo, un hombre adulto que mide 1.75 metros de estatura, debería pesar más o menos 75 kilos, mientras una mujer que mida, por ejemplo, 1.60 metros de estatura, debería más o menos pesar 60 kilos.

Más o menos, significa, precisamente, que a nuestro hipotético hombre nada le pasa si en lugar de pesar los 75 ideales, pesa por ejemplo 73 o bien 77; mientras que a nuestra hipotética mujer, nada le quita si pesa 58 o bien 63. Pero el poderoso aparato publicitario hace de nuestro hombre de 77 un “obeso” y de nuestra mujer de 63 algo monstruoso.

En consecuencia, ambos se lanzan a la carrera de perder peso, contar calorías y “cuidar” su figura, en lugar de cuidar su salud.

Porque cuando el hombre que debería pesar 75 se obsesiona por pesar 65, está en un problema y su salud se lo cobrará. Por no hablar de la mujer que debería pesar 60 y se obsesiona, tal vez, con pesar 50 o, pero aún, 48, lo que obviamente mina su salud de manera feroz, por no contar con lo lamentablemente mal que se ve, por más que la publicidad nos quiera imponer dicho modelo.

Así pues, la obsesión por la “figura” nos obnubila el entendimiento y no nos permite darnos cuenta de que el peso no importa tanto. En realidad, la salud es lo relevante y si uno está sano, estará automáticamente cerca de su peso ideal, sin obsesionarse por ello.

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Archivado bajo Economía, Política, Sociedad

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