La vida en la ciudad

Se realiza en Quito, Ecuador, la reunión conocida como Habitat III, convocada por la Organización de las Naciones Unidas, destinada a encontrar, desde ya, soluciones ante la creciente urbanización de la vida en el mundo, la cual acarrea innumerables problemas.

Frente a esta reunión, el Comité Internacional de la Cruz Roja, presentó el documento “Violencia Urbana y Respuesta Humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja”, al que invito a este espacio, por el punto de vista interesante que presenta sobre este particular.

Muchos pensamos que el país nuestro (donde cada uno habitamos) tiene su problemática particular, pero al leer el diagnóstico, se da uno cuenta de que no es necesariamente así,  si bien en términos generales son los jóvenes de cualquier parte del mundo quienes más sufren.

Aquí, el texto de la Cruz Roja:

“El devastador efecto de la violencia urbana en la vida de las personas y sus medios de subsistencia, además del sufrimiento que causa, es una de las principales preocupaciones del CICR en muchos de los contextos en los que trabaja alrededor del mundo.

“Este tipo de violencia –que suele ser una manifestación de la presión socioeconómica relacionada con una rápida urbanización, la expansión demográfica y los movimientos de población a gran escala– será una de las características que definirán el siglo XXI y, a la vez, uno de sus principales desafíos.

“Se calcula que, para el año 2050, dos tercios de la población mundial vivirá en zonas urbanas –muchas de ellas, megaciudades en expansión–, por lo cual las autoridades deberán enfrentar cada vez más dificultades para atender las necesidades de la población urbana, que incluyen vivienda, infraestructura, empleo y acceso a los servicios básicos, como la salud y la educación.

“Muchas de las grandes ciudades de Asia Meridional, África y América Latina ya padecen las consecuencias de una expansión rápida y sin control, que se hace más visible en los barrios pobres de los suburbios, afectados por la violencia y el olvido. Sin duda alguna, la relación entre la urbanización y la violencia es compleja, dado que son muchos los factores que intervienen, como la inequidad social, la distribución desigual de los recursos, la falta de inversión, los bajos niveles de educación y el alto desempleo.

“En muchas de las grandes ciudades, existen zonas que son muy inseguras tanto para la población como para los organismos estatales o las organizaciones de la sociedad civil que intentan trabajar allí. Los enfrentamientos de pandillas y actores armados con las fuerzas de seguridad estatales, sumado a las luchas entre esos grupos por el control de los barrios y los recursos económicos, hacen que algunas zonas urbanas sean consideradas territorios descontrolados y prácticamente ingobernables.

“En muchos casos, la respuesta del Estado consiste en reprimir la violencia, generalmente mediante métodos para mantener el orden público, en lugar de abordar las causas subyacentes. Esta postura tiende a perpetuar la inestabilidad y fragilidad de estas zonas urbanas”.

En este documento, el Comité Internacional de la Cruz Roja, explica la situación de esta manera:

“Para la gente –particularmente la gente joven– que trata de sobrevivir en tales ambientes, el impacto de la violencia crónica y armada en sus vidas es profunda y completa. Muertes violentas o el riesgo de ser intencional o inadvertidamente asesinado o herido; o bien ser objeto de violación sexual, amenazas o extorsión son, entre otros muchos factores, causantes de constante temor y estigmas debilitadores. Más allá de las consecuencias directas de la violencia, los indirectos y sobre todo invisibles efectos—como el desplazamiento forzado, la desaparición, el reclutamiento de menores por la delincuencia y problemas mentales a largo plazo—pueden ser sólo algunos aspectos. Estos problemas impiden seriamente a las poblaciones el acceso a los servicios más básicos como educación y salud, así como trabajos que garanticen una vida digna”.

Cualquiera que conozca en su propio país una ciudad con esta problemática, podría pensar que el análisis se refiere a ese lugar concreto. Pero no es así. Lo grave es que se trata de una situación generalizada que ocurre en prácticamente todo el mundo y, precisamente por eso, la Cruz Roja Internacional presenta ejemplos de sus trabajos comunitarios en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, Río de Janeiro, Brasil; Belfast, Irlanda del Norte; Karachi, Pakistán y Ciudad Juárez, México, donde se ponen en marcha proyectos para reducir la violencia urbana y cambiar el futuro de los jóvenes.

En el caso mexicano, se explica lo siguiente:

“El ‘Programa Creando Espacios Humanitarios’, fue lanzado en Ciudad Juárez en 2012, en una asociación entre las autoridades educativas del estado de Chihuahua y la Cruz Roja Mexicana, con el apoyo de las comunidades afectadas tanto directa como indirectamente por la violencia armada. El acceso de estas comunidades a servicios públicos fundamentales –como son salud, empleo y educación—se han visto reducidos.

“El programa busca fortalecer la capacidad de respuesta, dignidad y respeto de la gente que vive en esas situaciones, trabajando en primera instancia con estudiantes y maestros. Sus áreas de trabajo incluyen educación ‘uno a uno’, entrenamiento en primeros auxilios; apoyo psicológico y psicosocial, desarrollo comunitario y educación formal.

“A cinco años de su introducción, el Programa ha reducido las tasas de deserción escolar; mejorado las relaciones entre los estudiantes y maestros y las relaciones de los estudiantes entre ellos; y ha tenido una positiva influencia en la conducta de los estudiantes hacia sus familias y comunidades, además de mejorar sus perspectivas sobre el futuro. El Programa también ha creado espacios comunitarios seguros, como una instalación médica escolar y canchas deportivas que ayudan a fortalecer el tejido social”.

Lo interesante es que si bien este es el ejemplo concreto de una ciudad en un país, los rasgos pueden parecerse enormemente a cualquier otra ciudad de cualquier otro país, porque las ciudades están creciendo sin control y sin planes. En el fondo, el problema es que el crecimiento de un modelo básicamente urbano, trae consigo las mismas dificultades en la convivencia y, por eso, la propia Cruz Roja señala estos conflictos como el gran reto del siglo XXI.

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Archivado bajo Economía, Educación, Política, Sociedad, Turismo

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