Condenados

Según se dice, quien no conoce la historia está condenado a repetirla. Y es cierto. Son tantos los ejemplos, que en este espacio no cabrían y se corre el riesgo de aburrir a quien tuviera la curiosidad de leerlo.

Paradójicamente, la relación inversa no es tan frecuente o, acaso, tan directa como podría pensarse. Es decir, de acuerdo con el primer postulado, pero leído en sentido inverso, quien sí conoce la historia, estaría automáticamente libre de repetirla.

Sin embargo, esto no siempre es así.

Por ejemplo, en ocasiones, un régimen monárquico absolutista es derrocado violentamente por ciudadanos hartos del monarca que se cree descendido de los dioses y superior a sus conciudadanos, sólo para que inmediatamente después (o al muy poco tiempo), sea sustituido por otro déspota, aún peor que el anterior.

Incluso, escenarios de esa naturaleza han ocurrido en sociedades civilizadas, avanzadas y cultas; cuanto más en países de escaso o nulo desarrollo, sometidos secularmente por metrópolis extranjeras.

No se puede decir que esas sociedades, ni las cultas ni las bárbaras, hayan desconocido la historia. De hecho, porque conocen la historia derrocan al monarca, pero increíblemente lo sustituyen de manera inmediata por otro peor.

Tampoco se pueden hacer generalizaciones, pues las generalizaciones, por lo general, son peligrosas y tienden a la falta de veracidad, pero en muchas ocasiones resulta que a quien buscaba derrocar al poderoso, no lo animaba exactamente un espíritu democrático igualitario, sino más bien la ambición personal y/o de grupo.

En esas circunstancias, resulta muy cómodo sustituir sólo al poderoso para colocarse en el poder, junto con su camarilla y vivir ahora los lujos que disfrutaba el derrocado.

Por supuesto, no hay ánimo alguno de cambiar nada, y se cuida muy bien en mantener intacta la estructura, sólo cambiando de personas. Al fin, en esa clase de esquemas, los aduladores de siempre estarán dispuestos a adular al nuevo soberano y a despotricar sobre el anterior, sin ningún asomo de conflicto ético…con tal de seguir ganando dinero.

Otra de las razones que pueden llevar a que la historia se repita, es la falta de previsión, inteligencia o audacia  para hacer un cambio drástico y definitivo en las instituciones.

Está visto que cuando se vuelve a construir sobre las ruinas del anterior sistema, termina por construirse un edificio bastante similar al anterior y con el tiempo se vuelve tan similar al viejo, que ya no hay forma de distinguirlos.

Esto se debe a una razón muy simple: sobre los mismos cimientos, se tiene que construir igual, de lo contrario, todo se derrumba muy fácilmente.

Por eso es aconsejable que cuando se tira una estructura, se escarbe hasta sacar del suelo los cimientos, para hacer otros acorde a lo nuevo que se pretende construir.

Si hemos de buscar más razones, la educación y la cultura también tienen su peso. La idiosincrasia de las personas y de los pueblos pesa y da como resultado la inevitable repetición de esquemas, sencillamente porque forman parte del ser nacional. Y prueba de ello es que algunos pueblos, a pesar de siglos de dominación de otros pueblos, no dejan de ser ellos mismos y vuelven a ser como eran, una vez que se quitan de encima al opresor.

En todos esos casos, conocer la historia no es antídoto infalible para repetirla. Así que parece haber llegado el momento de tomarse la frase con reservas.

 

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Archivado bajo Economía, Educación, Literatura, Periodismo, Política, Sociedad

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