Luto

El tango “Cambalache” señala como parte de su demoledora letra que, “la vida fue y ha sido siempre una porquería”, declaración a todas luces extremosa, incluso en tratándose de ese desgarrador género musical.

Pero sin llegar a tanto, hay veces que sí, uno se pregunta por qué la vida llega a ser tan injusta, que premia a los malos y castiga a los buenos.

He aquí por qué lo digo. Apenas hoy nos enteramos que nuestro entrañable amigo y además compañero de trabajo, José “El Gordo” Téllez Muñoz, falleció entre el miércoles y jueves de la semana pasada, víctima de un infarto, en una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social, al oriente de la Ciudad de México.

El hecho, de suyo lamentable, se vuelve dramático cuando se considera que “El Gordo” –como le llamábamos cariñosamente sus compañeros del Sindicato Único de Trabajadores de Notimex– tenía apenas 39 años de edad.

Su vida fue dura, durísima y a pesar de ello, había conseguido levantarse y cumplir con especial profesionalismo su trabajo en el área de tecnologías de Notimex, donde su habilidad como ingeniero en sistemas egresado del Instituto Politécnico Nacional, se ponía todos los días a prueba ante los retos que la realidad le imponía.

Y si bien cumplir con el trabajo de la mejor manera posible es un mérito, ésto palidece cuando hablamos de su bondadosa personalidad.

Era un hombre todo corazón, sufrido por lo mismo, pero siempre dispuesto a colaborar y ayudar en lo posible. Discreto, callado, disciplinado y siempre atento para cumplir las órdenes, los encargos y aún los favores, con la mejor disposición del mundo, de esa que ya no es común. Era, en una palabra, un hombre decente.

José se reía con facilidad, pero detrás de sus grandes anteojos, se veía en su mirada la profunda tristeza que arrastraba, debido a las dificultades que enfrentaba en su vida personal y las cuales no viene al caso relatar. Eran suyas y se las llevó a la tumba.

Pero nuestro amigo poseía una virtud que se ha vuelto rara en la actualidad y por lo mismo se aprecia como el diamante: era un hombre respetuoso. Incapaz de una broma pesada, mucho menos de una palabra altisonante, siempre leal, derecho y amistoso.

Se sonrojaba con una facilidad increíble (su piel era muy blanca), sobre todo cuando se le colocaba en alguna situación embarazosa, como llamarle a alguien por un sobrenombre. Literalmente se ponía a sudar. Sudaba copiosamente, porque él tenía una de esas formaciones a la antigua, donde el respeto entre las personas es la regla de oro.

Así se conducía por la vida. Respetaba a todos y era especialmente gentil con las mujeres, se diría que incluso era tímido con ellas, pero siempre dispuesto a resolver cualquier problema que se presentara con las computadoras.

Al Sindicato le dio mucho: su tiempo, su colaboración que nunca tuvo un pretexto, su habilidad con las cosas electrónicas, su simpatía personal, su personalidad callada, algo tímida, pero cálida. Era un hombre de un gran corazón, que siempre estaba ahí para cualquiera que lo necesitara, desde la sola cortesía de recoger la hoja que a uno se le cayó, hasta enfrentar un conflicto serio, de esos que no faltan en la vida sindical.

Aunque era por naturaleza un pacifista, no dudaba en poner a disposición su considerable fuerza física, si las circunstancias lo exigían y no retrocedía medio milímetro en la defensa del gremio.

Como pocos, un individuo que sabía  la importancia de mantener la unidad sindical cueste lo que cueste, pero también dispuesto a ofrecer su apoyo moral en cualquier momento, para cualquiera.

Un gran amigo, cuya vida personal haría palidecer la crueldad de los personajes de Charles Dickens, pero que no hacía alarde ni se quejaba de sus dificultades; por el contrario: siempre tenía una palabra de aliento para todos, aunque en su interior pensara que cambiaría complacido sus problemas con los de cualquiera…saldría ganando, sin duda.

Vivía solo y por eso nos costó trabajo enterarnos. Pero ahora que fuimos informados, estamos haciendo los trámites necesarios para acompañar a su hermana, quien era de los pocos familiares que estaban cerca de él.

Por eso digo que la vida no es justa. Mientras un individuo de esta calidad fallece tempranamente y sufre mucho, ahí hay decenas de malvados felices, ricos y encantados de la existencia.

¡La vida no es justa! Falleció un hombre decente.

Descansa en paz, entrañable amigo.

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