Le llaman capacidad

Si alguien tenía dudas sobre la diferencia entre Hillary Clinton y Ronald Trump, el primer debate que sostuvieron  anoche las despeja claramente.

Aunque el tema central se suponía que sería la política económica, se abordaron muchos otros temas en donde la señora Clinton demostró por qué ha sido senadora y secretaria de Estado, mientras el supuesto multimillonario se ha dedicado siempre a los negocios ventajosos y leoninos, por cierto, con cero ética y, muy probablemente, con el recurso del chantaje, la mordida, el cohecho y la extorsión, aunque no me conste.

Ya no hablemos de los visajes, las interrupciones, las muecas, la actitud de patanería absoluta, las constantes intervenciones fuera de tiempo, la forma desmesurada de alzar la voz y la mirada extraviada del maníaco de peluquín amarillo.

Tan sólo una pequeña revisión de conceptos deja ver las diferencias obvias entre ambas opciones para el electorado estadounidense. Les preguntaron, por ejemplo, qué hacer para recuperar la situación económica interna de Estados Unidos.

Amigo de la plutocracia, el republicano se apresuró a proponer el apoyo de la Casa Blanca a los grandes magnates (como él mismo), para de ahí, dispersar el bienestar hacia abajo. Clinton le reviró algo muy cierto: justamente esa política fue la que llevó a la gran crisis de 2008 y por eso, su propuesta es distinta: fortalecer a las clases medias, para que el bienestar empuje de abajo hacia arriba, porque al revés, nunca ocurrirá.

Les preguntaron qué hacer para evitar que los estadounidenses tomen armas y asesinen a su propia gente en las calles. El sujeto del peluquín amarillo se concretó a asegurar que se debe imponer el orden  y quitarle las armas a las pandillas de migrantes sin documentos que delinquen, como si no viéramos prácticamente a diario estadounidenses anglosajones arremeter a balazos contra la gente en escuelas, centros comerciales o plazas públicas.

Ella, por el contrario, habló de crear vínculos entre la policía y las comunidades, generando respeto mutuo, además, claro, de terminar de una vez con la venta de armas a granel, como si se tratara de refrescos de cola que uno compra en la tienda de conveniencia de la esquina.

Cuando todavía los polvos de los disturbios en Charlotte, Carolina del Norte, no se han asentado, les preguntaron también cómo superar los problemas raciales.

Él se limitó a decir que tiene amigos negros; ella, por el contrario, advirtió que se debe reformar el sistema de justicia, pues mientras ésto no ocurra, las prisiones se seguirán llenando de jóvenes negros, pues ante delitos idénticos, el que termina en la cárcel es el negro, mientras el blanco queda libre. Además, aprovechó para congratularse de que haya concluido de una vez la era de las prisiones privadas en los ámbitos estatales. No es posible, dijo, que el afán de lucro sea lo que mueva a la “justicia”, precisamente para llenar de jóvenes de color estos espacios, con tal de hacer dinero. Es hora de que este pernicioso sistema se destierre también de las prisiones federales.

Cuando se habló del problema de Irak, muy probablemente el mismísimo Cantinflas se haya retorcido en su tumba, al escuchar la cantinfleada que lanzó el demente neoyorkino. Para no enredarme, sólo diré que nunca entendí por qué Trump insiste en aumentar la presencia militar en Irak y en criticar al presidente Obama por haber sacado tropas de ahí, para inmediatamente después defender frenéticamente que desde un principio él se opuso a la invasión. ¿?

Hillary recordó por el contrario, que fueron los republicanos los que pusieron allá a las tropas y los que armaron el plan de mediano plazo (que se está cumpliendo ahora), para sacar a las tropas de ahí.

Y ya para terminar, ella dio una lección de política que deberían escuchar con mucha atención también en otras latitudes: “en política, las palabras importan”. Cachetadón con guante blanco, que su desquiciado contrincante, por supuesto, no comprendió o fingió no comprender. Porque ella está en lo cierto con sus argumentos: cuando negocias al nivel que lo hace el presidente de los Estados Unidos, lo que se dice y cómo se dice, tiene repercusiones.

Al final, un breve sondeo de la cadena estadounidense que transmitió el debate, demostró lo que después vimos publicado hoy en los periódicos: que la candidata demócrata aplastó escandalosamente a su contrincante.

En un caso, un ciudadano al que le preguntaron su opinión, dijo que él ha sido republicano siempre, pero que esta vez, votará sin duda por Hillary Clinton, porque, según él mismo dijo, “Trump no es un candidato serio”.

Para decirlo en una palabra, la aplanadora que le pasó encima al republicano se podría sintetizar en una palabra: capacidad. Ella la tiene de sobra, él, no.

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Archivado bajo Economía, Política

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