Profunda preocupación

A estas alturas, a nadie escapa que México es uno de los países más peligrosos en el mundo para ejercer el periodismo, si no es que –penosamente– el que más.

En este mismo espacio he debido dar airada cuenta de varios asesinatos en los últimos meses y de otros ataques que, no por no haber terminado en homicidio, dejan de ser graves.

Desapariciones, atentados, ataques contra instalaciones de medios y amenazas de todo tipo, se han convertido en cuestiones comunes cuando hablamos de periodistas, lo cual habla de una terrible descomposición y del grave clima de impunidad que se vive en el país.

Pero lo de ayer sí rebasa todos los límites imaginables, por sus implicaciones.

Dejaré que sea “PEN México”, la organización de defensa de la libertad de expresión, la que nos explique lo ocurrido.

El organismo lanzó ayer una severa condena contra las amenazas que han sufrido periodistas de distintos medios (entre ellos el poderoso Televisa). Fueron cinco los compañeros amenazados. El texto dice lo siguiente:

“México vive una situación cada día más delicada en lo que se refiere a la libertad de expresión. Prueba de ello son las amenazas de muerte que recibió esta tarde, a través de su cuenta de Twitter, el periodista y escritor Héctor de Mauleón, después de denunciar en su columna de El Universal la creciente actividad criminal y de violencia en la colonia Condesa, en el Centro de la Ciudad. En su texto, Mauleón también denuncia las amenazas que el escritor Rafael Pérez Gay recibió de un vecino, un acto de violencia y corrupción consignado en el periódico Milenio.

“Otro usuario publicó una fotografía, posiblemente de sí mismo, y señaló ‘vea bien mi rostro, que será la último que verá’. El 21 de junio pasado, De Mauleón fue amenazado después de publicar tres textos sobre la presunta comercialización de armas y drogas en la colonia Condesa. Por la misma razón, las comunicadoras Olivia Zerón y Denise Marker, después de abordar el tema de la colonia Condesa en su programa de radio, también fueron amenazadas en Twitter.

“Asimismo, el periodista Julio Hernández, ‘El Astillero’, colaborador del diario La Jornada ha sido amedrentado por sus posturas críticas hacia el gobierno federal, con mensajes; mientras tanto, hacia las 3 de la tarde, tiempo de la Ciudad de México, el reportero del semanario Proceso comenzó a recibir tuits intimidatorios, pidiendo que borrara mensajes de su cuenta en Twitter.

“PEN México hace un enérgico llamado a las autoridades mexicanas, locales y federales a brindar la protección necesaria a periodistas y escritores mexcianos; así como asegurar que en México se ejerza el derecho a la libertad de expresión”.

El texto recoge los mensajes intimidatorios y las cuentas de Twitter desde donde, con todo cinismo, los delincuentes amenazan a los periodistas, incluso enseñando sus nombres y sin importarles que se les pueda rastrear electrónicamente.

Hasta aquí el comunicado de condena.

Tras ello, hay varios temas graves qué analizar.

Primero, el uso indiscriminado que la delincuencia hace de las redes sociales, tan amadas por muchos, pero tan ausentes de control, que hasta los delincuentes pueden usarlas para amenazar públicamente…¿Y la Policía Cibernética?

Segundo, el hecho de que en un solo día cinco periodistas hayan sido amenazados de muerte, con toda claridad, con todo el cinismo y dejando evidencia.

Tercero, que todos trabajan en la Ciudad de México, donde el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, no para de insistir en que no existe el crimen organizado. Me pregunto qué cosa es, si no, esta retahila de amenazas.

Cuarto, la falta de conciencia de la ciudadanía en el sentido de que estas amenazas si bien van dirigidas contra personas en lo individual, a quienes identifica con nombres y apellidos, en el fondo es una amenaza contra todos los ciudadanos. Porque si los delincuentes no tienen empacho en amenazar de muerte, por ejemplo, a Denise Maerker, quien sale todas las noches en Televisa a nacional, qué se puede esperar de personas que no están vinculadas a los medios, pero también pueden formular las mismas denuncias ante el evidente deterioro de la convivencia en su colonia.

La situación crece y se vuelve cada día más crítica.

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Archivado bajo Periodismo, Política, Sociedad

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