Viajar en el tiempo

Una de las grandes ilusiones del ser humano, ha sido siempre viajar en el tiempo.

Tener la capacidad de conocer el futuro desde ya, para evitar situaciones nefastas o, por lo menos, para saber a qué atenernos. Hordas de quiromancianos, adivinos, sacerdotes, astrólogos y cualquier cantidad de charlatanes, se han dedicado a “adivinar” el futuro desde tiempos inmemoriales, lo mismo al servicio de los más poderosos reyes, emperadores y faraones, que del más humilde campesino preocupado por su próxima cosecha.

La realidad es que los seres humanos siempre preguntamos sobre el futuro con mirada corta, centrados en temas fundamentales; el amor, la fortuna, la salud. Por eso es difícil adivinar, aunque la mayoría de los adivinos ha desarrollado la habilidad de reconocer rápidamente las angustias y temores del cliente en turno y decirle justo lo que quiere escuchar, para después llenarle la cabeza con frases impersonales, acomodaticias y con cierta dosis de autoestima (como los horóscopos en las revistas de modas) para que la propia persona termine generándose lo que deseaba desde el momento de ir a ver al adivino…y de paso, garantizarse próximas visitas.

Pero viajar auténticamente en el tiempo es otra cosa. En principio, en su Teoría de la Relatividad, Albert Einstein ya demostró que es imposible viajar a la misma velocidad de la luz, lo cual podría acercarse mucho a viajar en el tiempo.

Una forma de explicarlo lo encontramos en el maravilloso “Cosmos” de Carl Sagan, donde demuestra que, mientras un viajero que se transporte casi a la velocidad de la luz experimentará un viaje de cinco minutos (reloj en mano), la persona que se quede a esperarlo habrá vivido 70 años, lo que equivale a viajar al futuro a grandes velocidades.

Sin embargo, aún no hay medios técnicos para hacerlo, de manera que no. Por el momento, no podemos viajar al futuro.

No hablemos, por supuesto, de un montón de escritores que se han ocupado de ello desde la ficción, sin olvidar a un auténtico ejército de directores de cine que han tratado el tema.

Viajar al pasado, es decir, el proceso inverso, puede ser acaso más difícil en el aspecto técnico. Tal vez algún científico se ocupe de ello con seriedad, pero hasta esta mañana, al menos, todavía no había ningún servicio regular que le ofrezca a uno la posibilidad de viajar a su propia vida, ya no digamos hace 20 o 30 años; ¡ni siquiera a ayer!

Pero más allá del aspecto tecnológico, lo interesante de esta fantasía humana, que nos ha acompañado tal vez desde nuestro pasado más primitivo, es el remordimiento por el pasado y la incertidumbre por el futuro.

Todos sabemos por experiencia propia que al pasado no podemos volver. No hay más. Imposible. Punto.

Por eso, cuando cometemos terribles errores, deseamos con todas nuestras fuerzas volver al segundo previo a cometer la tontería, para no hacerla y subsanar las cosas.

Claro que, merced a lo que se conoce como el “efecto mariposa”, ir a un punto específico del pasado y hacer o dejar de hacer tal o cual cosa, podría implicar una cantidad de circunstancias distintas, que incluso llevaría a que nosotros, como individuos, no estuviésemos aquí en el momento en que se decide el viaje al pasado.

Es un problema filosófico importante: el ser y el no ser. Tanto más lejos pretendamos viajar en el pasado, cuanto más posibilidades tenemos de no aparecer ya en el aquí y el ahora.

Pero aún sabiéndolo con absoluta certeza, el hombre se sigue atormentando con la idea, merced al arrepentimiento, las culpas y la angustia de saber que se cometió un error grave en el pasado y ya no hay manera de subsanarlo. La historia de la humanidad.

En cambio, el insaciable apetito por conocer el futuro -con la mayor precisión posible– deja de lado una cuestión de una increíble obviedad que nadie paree tomar en cuenta: si bien no podemos conocer con exactitud qué nos depara el destino, sí sabemos que hacer cosas hoy, nos generará (más o menos), determinadas circunstancias en el futuro.

Es decir,  si hoy nos esforzamos por trabajar, seguramente mañana tendremos dinero; si hoy estudiamos, probablemente tendremos mejores alternativas mañana; si hoy mantenemos limpia la calle, se puede esperar que no se inunde cuando llueva mañana y así por el estilo.

Por supuesto, la imposibilidad práctica de conocer el futuro –a despecho de los adivinos “profesionales”– limita el grado de certeza respecto a tales afirmaciones. Como no podemos saber, por ejemplo, si en el proceso de trabajar para juntar dinero tropezamos con una enfermedad o un accidente que nos arruine económicamente y terminaremos ineludiblemente sin dinero, a pesar de que era fácil esperar otra cosa.

Pero en términos generales, hay cosas obvias que nos vamos generando desde hoy hacia el futuro. Algunas de esas cosas, son aquellas de las que después nos arrepentimos y ahí andamos buscando quién tiene la máquina del tiempo para volver al momento de un error y corregirlo.

Por ejemplo, el momento en el que le decimos algo incorrecto y se genera un problema por ello. Desde luego, el silencio es siempre un gran compañero, pues como dice el dicho: “en boca cerrada, no entran moscas”.  Eso sí lo podemos hacer. Actuar siempre con cautela, aunque a veces las circunstancias nos exijan prisa o apremio.

Otro de los grandes trucos, ya que no podemos viajar al futuro, ni volver al pasado, es vivir el ahora. Con eso tenemos mucha más tranquilidad y seguramente no tendremos ansias por lo que vendrá, ni congoja por lo que se fue.

2 comentarios

Archivado bajo Literatura, Sociedad, Todo

2 Respuestas a “Viajar en el tiempo

  1. Eduardo

    Hola Juan Carlos, me parece que la conclusión para lo que aquí nos planteas se llama perdón, el pedir perdón por los errores cometidos, puede en mi experiencia personal ayudar a que nosotros seamos mejores, así es como se puede corregir un error para que el futuro sea lo que deseamos pues de nuestras decisiones en el presente esta el resultado de nuestro futuro y asi no vivir atormentado por los errores del pasado.
    Un saludo y como siempre un gran escrito. Gracias por ello

    • Gracias por tu comentario, Eduardo. Como siempre inteligente y constructivo. Aprecio mucho eso.
      No había pensado en la palabra perdón, pero tienes razón, seguramente esa es la clave: el perdón. Se trata de algo tan potente, que hasta se usa en las religiones. Sin embargo, seguro que el auténtico perdón es cuando uno se perdona a sí mismo por sus errores.

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