¿Por qué ellos sí ganan?

Hasta el final de la jornada del sábado, los deportistas paralímpicos mexicanos ya habían superado a sus pares olímpicos en el número de medallas conseguidas en sus respectivas justas en Río de Janeiro 2016.

Los paralímpicos llevaban ya seis medallas, contra cinco que consiguieron los olímpicos. No sólo el número era superior, sino la calidad de las medallas, porque los deportistas con alguna discapacidad llevaban cuatro de oro, una de plata y una de bronce, mientras que la delegación de deportistas “normales” no consiguió medallas de oro.

Además, la magnitud de las respectivas delegaciones es muy distinta. Es decir, el número de deportistas mexicanos que compitieron sin discapacidad, fue mucho mayor al que lo hizo con discapacidad. Esto significa que la eficiencia de cada medalla es mayor en los paralímpicos.

¿A qué se debe, entonces, que unos ganen y los otros no?

La respuesta es simple: mientras los deportistas sin discapacidad encuentran trabas, los discapacitados las superan.

Reto a cualquier persona normal a hacer un pequeño ejercicio:

So pretexto de una pretendida lesión, colóquese una férula en la pantorrilla derecha y acuda, por ejemplo a un aeropuerto internacional.

(Ojo: no estoy hablando de una Central Camionera en cualquier población rural, alejada de todas partes; hablo de un aeropuerto internacional que, por esa misma condición, se supone que debería cumplir ciertos estándares mundiales mínimos).

El primer reto, al llegar en esas condiciones, es encontrar una silla de ruedas que nos puedan prestar ya sea el propio aeropuerto o bien una línea aérea. Lo más probable, es que un “desinteresado” maletero, se nos acerque y nos obligue prácticamente a tomar su “servicios” a cambio de que nos ofrezca una silla de ruedas para facilitar nuestro desplazamiento por las instalaciones.

Con o sin la presencia de este hipotético individuo, una vez en una silla de ruedas, descubrimos que las instalaciones son increíblemente difíciles de superar, si el método de desplazamiento no son las piernas sanas de cualquier persona.

Lo anterior se replica en cualquier instalación pública o privada y peor aún, en la calle.

Las banquetas son un verdadero reto para cualquiera, incluso bueno y sano. Mucho más para cualquiera obligado a desplazarse en una silla de ruedas.

Esto significa que las personas discapacitadas (no sólo quienes tienen discapacidad motriz, sino quienes padecen ceguera, sordera, alguna amputación de miembros o cualquiera otra discapacidad en distintos grados), deben enfrentar dificultades mayores a quienes están sanos.

De hecho, investigadores de la Universidad de Lyon, en Francia, señalan que en el mundo existen entre 130 y 150 millones de niños con alguna discapacidad, de los cuales apenas el 2 por ciento tiene acceso a la educación formal.

Esto significa una limitación adicional para este grupo de población: la imposibilidad de acceder a la educación y, por lo tanto, una severa disminución en sus posibilidades de movilidad social.

Así pues, los discapacitados están acostumbrados a encontrar soluciones desde los problemas más elementales a los que su condición los obliga. Desde el hecho de trasladarse a la esquina de sus casas.

Los deportistas paralímpicos, se ponen en la mente una meta y sencillamente trabajan para lograrla. Su discurso, inclusive, es muy distinto al de los deportistas regulares.

Los paralímpicos suelen afirmar que “van a ganar la medalla de oro”, mientras los deportistas ordinarios señalan que “van a tratar de hacer su mejor esfuerzo por poner en alto el nombre de México”.

¡Vaya retórica tan distinta! Unos van a ganar, los otros, solamente a competir.

Para quienes están acostumbrados a enfrentar dificultades, la falta de financiamiento, la “grilla” de los directivos, la ausencia de apoyo de las federaciones deportivas, la presencia o no de la novia del titular del deporte en la sede olímpica, no son impedimentos. Para ellos, la victoria está en su mente y en su cuerpo. Sin importar qué clase de discapacidad enfrenten, ellos saben que en lo que sí pueden hacer están entrenados y concentrados al 100 por ciento. Son audaces, capaces y fuertes, no importa las limitaciones que la naturaleza les haya puesto. Ellos saben que van a ganar porque han entrenado su cuerpo y su mente para ellos.

Son ganadores porque están acostumbrados a ganar todos los días.

Por el contrario, los deportistas “normales” tienen miedo de sus oponentes. Para ellos, los nombres de los contrincantes y de los países significan algo. Para los paralímpicos, no.

Ejemplo de vida, de tesón y de fuerza. ¡Debería darle un poco de vergüenza a los olímpicos!

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Archivado bajo Política, Sociedad

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