Oda al Duende de los Trastes

Todas las casas en este mundo tienen su propia dinámica, sus costumbres individuales y organización individual que no se parece a la de ninguna otra en el plantea, no importa que sean miles de millones y tampoco que haya muchas personas emanadas del mismo hogar originario y quienes, por obvia razón, comparten maneras de hacer las cosas.

Los hogares, como sea, tienen su propia dinámica y sus formas especialísimas de organizarse, aún dentro de cierto caos. Como sea, atendidas o no, hay tareas domésticas que se comparten, las cuales no tienen fin.

Por lo menos en México –no sé si en otros países de habla hispana– a las tareas domésticas constantes e inacabables, se les designa con el nombre genérico de “quehacer”.

De esta forma, el “quehacer” está conformado por temas tan simples, íntimos y conocidos como hacer las camas, barrer y trapear  los pisos, lavar los baños, sacar la basura, sacudir los muebles, ordenar las habitaciones y, desde luego, lavar los trastes.

Por supuesto, todas ellas son tareas infinitas, que siempre se deben hacer, porque vivir en una casa, departamento o lo que sea, significa que siempre estamos usando sus distintas áreas, sin importar el tamaño ni la calidad de las instalaciones y, por supuesto, en cuanto terminamos de poner orden, cualquier actividad posterior, generará nuevo desorden.

A eso es a lo que yo llamo “Duendes”.

Así, hay un Duende de la Basura, un Duende de las Recámaras, un Duende de los Trastes.

Porque parece cosa de magia maliciosa la forma en que se genera el desorden, no bien se tiene completada una tarea. Los duendes, por lo general, se identifican como seres mágicos, caprichosos y maliciosos, a quienes les encantan las travesuras que por lo general entorpecen la vida de las personas a quienes va dirigida su actuación.

Se supone que no los podemos ver –o a veces sí– y pasan una buena parte de su tiempo generando tales inconvenientes para hacerle la maldad a sus víctimas, en ocasiones como venganza por haber sido “atrapados” en situaciones que ellos no deseaban, o a veces porque ellos se sienten dueños del espacio y quieren dejar claro quién manda ahí.

Pertenecen por definición a un mundo mágico, inmaterial o por lo menos invisible para los seres humanos normales, aunque son capaces de incidir claramente en las tres dimensiones a las que todos estamos acostumbrados a llamar “realidad”.

Por eso, en lo personal me parece que el desorden de una casa no se debe tanto a sus habitantes, como a algunos duendes maliciosos a los que les gusta jugar con nuestro esfuerzo.

Y con independencia de la forma de organizarse que tenga cada una de las miles de millones de casas en este mundo, sean ricas, pobres, millonarias o paupérrimas, siempre el quehacer es infinito y parece haber duendes involucrados.

Pero no me cabe duda que el campeón de estos duendes es El Duende de los Trastes.

¡Hay que ver que manera tiene este ser sobrenatural de manifestarse en el fregadero! No importa si el propio habitante o dueño de la casa se pasó cuatro o seis horas lavando trastes de la última comida. Nada tiene de relevancia si en un palacete hay seis o siete personas del servicio doméstico encargadas de lavar trastes.

La cosa siempre es igual: no bien se terminó de dejar impecable la cocina, sin una sola cuchara sucia y nada fuera de su lugar, cuando en un parpadeo y al mínimo descuido, aparece sucio, en el fregadero, un vaso, un plato, un cuchillo…¿qué se yo?

Ese Duende es sin duda el campeón.

Su capacidad para generar pilas y pilas de platos y utensilios sucios no tiene parangón. Es por mucho el más activo de todos. ¡Ni el polvo le gana!

Es más fácil que una recámara permanezca relativamente ordenada y organizada, tal vez un par de días, a pesar de su uso constante, mientras la cocina no dura sino unos cantos minutos organizada.

Para combatir al hiperactivo Duende de los Trastes, haría falta un ejército de personas con guardia continua las 24 horas. Porque todos, en nuestro particular orden interno doméstico, hemos comprobado cómo este increíble ser de actividad maliciosa, es capaz de presentarse a cualquier hora del día o de la noche, a arruinar el trabajo más sencillo en la cocina o el más complicado y arduo. Para este increíble ser sobrenatural, no hay horario, ni enemigo capaz de resistirle: ¡siempre gana!

Por eso me parece necesario hacerle desde aquí un reconocimiento. Ése duende verdaderamente es el amo y señor de los duendes que generan el desorden en las casas. No hay ninguno que le supere.

Reto a cualquiera a encontrar uno más activo.

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