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Lo que sea, no

Después de convertir a la Ciudad de México en un caos de dimensiones faraónicas, los maestros de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación ganaron el primer “round”. Consiguieron que en el periodo extraordinario de sesiones que tuvo lugar la semana pasada, se eliminara la Ley del Servicio Profesional Docente, con lo cual obligaron al Legislativo a ajustarse a sus demandas.

No importa que los legisladores dijeran que no habían decidido bajo presión, que nadie obliga al Legislativo, que todo fue va a salir en su momento. El hecho es que los maestros, con su violencia y su brutalidad, ganaron.

Y hoy comenzaron negociaciones en la propia Cámara de Senadores, con maestros ensoberbecidos por su victoria reciente y quienes dijeron que seguirán con las protestas y la línea dura. Según ellos, es la única forma en que escucha el gobierno.

También comenzaron negociaciones con la Cámara de Diputados, donde el discurso fue más o menos el mismo.

En síntesis, vieron que la fuerza genera dividendos y la van a seguir usando ¡cómo no!

Lo curioso fue una petición formulada por los mentores (quienes ordenaron a los reporteros: “coberturen el movimiento magisterial”): “¿habría manera –preguntaron– de que nos dejen ver la Ley, porque no sabemos qué contiene?”

¡Si precisamente las protestas violentísimas de la semana pasada, que incluyeron delitos como daño en propiedad ajena y lesiones, fueron para impedir la aprobación de la ley!

Resulta que dicen “NO” a algo y luego supuestamente salen con la batea de babas de que no la conocen.

Lo que sí queda claro, es la ignorancia y primitivismo de estos rústicos individuos, disfrazados de maestros, quienes hablan de los “libros de testo” y prodigan “haigas” y “fuistes” evidencia de su nivel real, del todo inadecuado para un aula de primera instrucción.

Pero además, ya llegaron al punto de decir que no a todo, porque se sienten poderosos, pues la policía capitalina no los enfrentó.

Sobre este último punto, algunos señalan la debilidad del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. Pero visto más fríamente, el Jefe de Gobierno actuó con prudencia: es obvio que éstos quieren un mártir. Un muerto al cual glorificar para justificar cualquier acción; y el mandatario capitalino lo sabía; por eso no les dio la oportunidad de crearlo.

El movimiento está ensoberbecido, crecido, rudo; está poniendo las cosas tensas y quién sabe dónde va a parar. Habrá que ver.

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¿Cómo lo resolvemos?

Montones de basura

Montones de basura

Desde hace por lo menos dos años, nos dijeron a todos, incluyendo al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que al iniciar el 2012, se cerraría el depósito de basura a donde va a dar el principal flujo de desechos de la ciudad.

Ya por desidia, ya por fallo en el cálculo político, pero el caso es que el jefe de Gobierno, ignoró olímpicamente la advertencia. Y como no hay plazo que no su cumpla, llegó el 1 de enero de este flamante 2012 y, en efecto, como se había dicho, se cerró el tiradero.

La cuestión es que ahora no hay a dónde llevar la basura y por lo tanto, gigantescas montañas de desechos “adornan” las calles de la ciudad, con más énfasis en algunas zonas, de por sí conflictivas, como Tepito.

Más allá de encontrar la solución a la coyuntura, que ya se encontará, el asunto saca a la vista otro problema anterior y quizá mucho más profundo: el manejo de la basura.

Desde hace años existe una ley que se supone obliga a todos los capitalinos a dividir la basura en orgánica e inorgánica. Supuestamente, quien no separe la basura, la tendría ahí eternamente, porque el camión no se la llevaría. Pero, ¡sorpresa! Tal como ocurre con otras muchas leyes, faltaba un pequeño detalle, cuando la aprobaron, promulgaron y entró en vigor: no había la infraestructura necesaria para manejar correctamente la basura separada.

Luego entonces, a pesar de la gigantesca y carísima campaña emprendida por la autoridad capitalina, la gente sencillamente comenzó a ignorar la obligación, porque en los camiones no había división y de nada servía que los vecinos separaran sus bolsas, si estas terminaban hechas bolas dentro del pestilente vehículo, que más bien parece dispensador gigante de lixiviados.

A pesar de que los camiones no estaban debidamente acondicionados, en algunos casos hubo soluciones ingeniosas que no implicaron ningún costo y demostraron que, con voluntad, se podía resolver el problema no previsto en la legislación.

Por ejemplo, en la Delegación Azcapotzalco, los mismos camiones, con el mismo personal, recolectaba la basura inorgánica los lunes, miércoles y vienes y la orgánica los martes, jueves y sábados. Sencillamente, quien se equivocada de día voluntaria o involuntariamente, tenía que regresarse a su casa con su bolsa de basura. Una solución eficaz.

En otras delegaciones, la solución fue dividir el espacio de los camiones en dos depósitos: uno para basura orgánica y otro para inorgánica.

La idea es que los ciudadanos nos acostumbrásemos a dividir la basura desde el hogar y con ello facilitar la labor de reciclaje, disminuir costos, uso de agua y garantizar una proporción mucho mayor de reciclaje de materiales, precisamente para disminuir presión a los monstruosos vertederos de basura que reciben los desechos de la ciudad.

La falta de infraestructura adecuada y la falta de voluntad de las autoridades para hacer cumplir la disposición oficial, echaron por tierra esas intenciones y ahora, que indefectiblmente el destino nos alcanzó, ahí están las consecuencias.

No es que la separación de la basura hubiese evitaro que se cerrara el tiradero, pero probablemente sería más fácil manejar la basura si ya estuviera separada. Es decir, no es lo mismo encontar un montón de basura en donde vienen mezcladas indistintamente materias orgánicas e inorgánica, que si no lo están.

Esta lección debe servile a las autoridades para aprender que es necesaria una acción concreta –como la tomada en su momento en Azcapotzalco– si quieren llevar a la práctica la ley y que ésta funcione.

A los ciudadanos, que independientemente de la falta de voluntad de las autoridades, un poco de voluntad para hacer lo correcto, puede ser valiosísima en momentos de crisis.

A todos, que debemos cmabiar nuestros hábitos y procurar que la generación de basura se reduzca, porque en verdad no podemos seguir inundando la ciudad con desechos, solo porque los productos disponibles en el mercado cada vez son más desechables y tienen empaques más aparatosos.

Alguna vez leí algo que escribió un escritor sudamericano del siglo XX, quien afirmaba que cuando él era pequeño, en su pueblo no había servicio de recolección de basura, de manera que las cosas tenían que ser siempre perdurables y, cuando definitivamente habían perdido su utilidad (una olla de barro que cayó al piso y se hizo mil pedazos, por ejemplo), había que encontrar la manera de reciclar el material en alguna forma útil, para evitar que la casa se convirtiera en un gran almacén de cosas inservibles.

Que de los restos de comida, por supuesto, se encargaban los cerdos y, en menor medida, los perros.

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